Der Himmel über Berlin / Las Alas del Deseo (1987) / Wim Wenders
Una película sobre los pensamientos de la existencia.
Un afiche que muestra una mujer en un trapecio de circo me llevo a ver nuevamente Las Alas del Deseo después de 20 años.
Ángeles que ven en blanco y negro y vuelan sobre Berlín fue mi excusa para ir a ver en pantalla grande la historia mas poética en celuloide que tenia en mi mente, una historia que juntaba el pasado y el presente de un país aún dividido por el muro y traía a nuestra retina la memoria de algunos habitantes de Berlín en una historia de ángeles que caminan entre la gente y comparten sus sentimientos acerca de nuestra propia existencia.
Un anciano está sentado en un sillón en un lugar que en el pasado fue su ciudad, pero en ese momento es un lugar desolado aun muchos años después de la guerra, su mente repite, en este lugar estaba la estación, aquí estaba la plaza. La imagen muestra las ruinas de Postdamer Platz y como la gente vive y camina cotidianamente entre ellas, unas vías de tren elevadas sobre estructuras metálicas y largos puentes peatonales muestran los transeúntes caminando sobre ellos. Todo esto pasa alrededor del anciano, la gente que camina sobre el puente puede ver por sobre el muro el lado este de Berlín. En este juego de imágenes blanco y negro Wim Wenders muestra por un lado las ruinas del pasado y por otro el presente de la reconstrucción de Berlín que comienza en la década del ochenta.
Un circo, una trapecista, una noche de luna llena en la ultima función, una biblioteca que representa la ciudad de la humanidad, ángeles con aspecto humano que usan sacos oscuros, pelo largo atado y solo son vistos por los niños son las metáforas que mas me impactaron al igual que la excelente y cuidada fotografía, los paneos continuos sobrevolando la ciudad y las estatuas monumentales de Berlín con los ángeles posados sobre ellas. Tanto la fotografía blanco y negro como el color tiene un rol predominante, el tratamiento del mismo se inspiró en el arte pop y las pinturas de Hooper. La poesía es de Rainer Marie Rilke y la música de Jürgen Knieper.
Finalmente la metáfora y la realidad se unen en los colores del muro, en el sabor de un café y en el frío de una mañana.
El encuentro final sucede en un recital de Nick Cave en un edificio neoclásico con interiores de colores pálidos teñidos por acentos de rojos intensos.
Dedicado a Annouk que con su sonrisa puede ver mas allá de lo que nosotros vemos.
Tincho Badie
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